13 de diciembre, Santa Lucía. En Sicilia es tradición comer los arancini…o ¿las arancine?

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Todavía hay dudas sobre el hecho de que la fiesta de Santa Lucía, que se celebra cada 13 de diciembre, sea el día más corto del año. Sin embargo lo que sí es seguro, es que para muchos italianos hoy es una de las fiestas más importantes del año, casi como la Navidad. Santa Lucía, patrona de los ojos, también es la santa patrona de la ciudad siciliana de Siracusa: cuna de la receta de uno de los platos sicilianos más famosos y queridos del mundo, los arancini (¿o las arancine?).

La tradición de comer ese plato delicioso el 13 de diciembre nació para celebrar un milagro atribuido a la mártir cristiana: durante la severa hambruna de 1646, un barco lleno de trigo llegó al puerto justo cuando una paloma aterrizó en el trono episcopal de la Catedral. Los siracusanos vieron en ese barco la respuesta de Santa Lucía a sus oraciones. La gente agotada por el hambre no perdió tiempo en moler el trigo, lo hirvió y lo comió sazonado solo con un poco de aceite. Desde entonces, el 13 de diciembre, en muchas áreas de Sicilia, todo el mundo se abstiene de consumir alimentos ricos en almidón, tanto pan como pasta, prefiriendo comer arroz, legumbres y verduras.

La tradición dice que el 13 de diciembre, la reina indiscutible del día es una pelota de oro: la bella, cálida, crujiente y sabrosa arancina (del italiano arancia, naranja), como le gusta decir a palermitanos, o arancino (del italiano arancio, naranjo), como es sabido por la mayoría.

¿Se dice arancino o arancina? 

 

Prácticamente no hay ciudad de Sicilia que no reclame el origen de este plato exquisito, pero es en el nombre que la disputa es particularmente acalorada. La razón es la tendencia a usar el término arancina en el oeste de Sicilia, sobre todo en la capital de la región, Palermo, donde su forma típica es generalmente redonda, como una naranja. Arancina se convierte en arancino en la parte oriental de la Sicilia, en otra importante ciudad, Catania, donde casi siempre su forma típica es puntiaguda, quizás inspirada en la silueta del Etna.

Diatriba de décadas, que se reavivó con la publicación de la Accademia della Crusca, la prestigiosa institución que recoge estudios de lingüística y de filología italiana, de un artículo científico sobre el tema:

Accademia della Crusca: si dice arancino o arancina?

Por cierto en el diccionario Siciliano-Italiano de Giuseppe Biundi (1857) aparece el término arancinu, definido como “plato dulce hecho de arroz y con forma de naranja”.

Pero si el término original es arancinu, ¿cómo se traduce al italiano? ¿masculino o femenino? Seguimos el razonamiento de la Crusca: «En el dialecto siciliano, como todos los diccionarios dialectales registran, el fruto del naranjo es el aranciu que en el italiano regional se convierte en arancio«. Por lo tanto, arancinu en el dialecto siciliano fue y es declinado en masculino, como lo atestiguan los dos vocabularios del siglo XIX (como hemos visto en el de Biundi). Además, la distinción de género en el italiano estándar, femenino para los nombres de frutas y masculino para los nombres de los árboles, llega solo en la segunda mitad del siglo XX, y muchos hablantes de varias regiones italianas, incluida la Toscana, cuna de la lengua italiana, aún continúan utilizando arancio en lugar de arancia para decir naranja.

Por lo tanto, es cierto que en su origen arancinu pasó al italiano en la forma masculina arancino, pero también es verdad que la sucesiva codificación del genero masculino para los árboles y del femenino para la fruta, determinó un cambio de género del arancinu en algunas zonas. Se puede plantear la hipótesis de que el prestigio del código lingüístico estándar, hacia el cual las áreas urbanas siempre han sido más receptivas, ha llevado a la forma femenina a prevalecer sobre el masculino. Sin embargo, según la Crusca, aunque la forma femenina se percibe como más correcta lingüísticamente, por la oposición de género entre árbol y fruta típica de la lengua italiana, ambas formas son correctas. Finalmente… teniendo en las manos esa maravillosa, cálida, crujiente y sabrosa comida, lista para alegrar las papilas gustativas ¿de verdad la dejaríamos enfriar discutiendo su nombre?

 

La ricetta degli arancini di Adelina, Andrea Camilleri

 

Adelina ci metteva due jornate sane sane a pripararli. Ne sapeva, a memoria, la ricetta. Il giorno avanti si fa un aggrassato di vitellone e di maiale in parti uguali che deve còciri a foco lentissimo per ore e ore con cipolla, pummadoro, sedano, prezzemolo e basilico. Il giorno appresso si pripara un risotto, quello che chiamano alla milanìsa, (senza zaffirano, pi carità!), lo si versa sopra a una tavola, ci si impastano le ova e lo si fa rifriddàre. Intanto si còcino i pisellini, si fa una besciamella, si riducono a pezzettini ‘na poco di fette di salame e si fa tutta una composta con la carne aggrassata, triturata a mano con la mezzaluna (nenti frullatore, pi carità di Dio!). Il suco della carne s’ammisca col risotto. A questo punto si piglia tanticchia di risotto, s’assistema nel palmo d’una mano fatta a conca, ci si mette dentro quanto un cucchiaio di composta e si copre con dell’altro riso a formare una bella palla. Ogni palla la si fa rotolare nella farina, poi si passa nel bianco d’ovo e nel pane grattato. Doppo, tutti gli arancini s’infilano in una padeddra d’oglio bollente e si fanno friggere fino a quando pigliano un colore d’oro vecchio. Si lasciano scolare sulla carta. E alla fine, ringraziannu u Signiruzzu, si mangiano!