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¿Eres un
apasionado
de Italia?

El viaje de mi vida

Por fin me decido a compartir algunas ocurrencias con esta suerte de familia italo-española “acquisita” y no lo podía hacer sino en un momento de transición: el ínterin de un viaje, en concreto, el de ida desde España a Italia. Porque, al fin y al cabo, el viaje no lo conforman el punto de partida y de llegada, sino el proceso, el trayecto, el “percorso”, con todos los sentimientos e ideas que se van despertando durante ese tiempo que es “imperfectus”, no acabado. En realidad, esos dos puntos no varían, solo se intercambian: la salida se efectúa desde el lugar que seguramente después se convertirá o se trastocará en el de llegada. Los horizontes se verán desde otra perspectiva, pero la variación o la metamorfosis realmente se produce en ese entretanto itinerante del trayecto, que siempre es presente y mutable, del mismo modo que ese trayecto es siempre diverso.

Cuando realizo el trayecto España-Italia-España (que, quién me lo diría en aquel primer viaje como adolescente (y) turista hace casi veinte años, se ha convertido en una costumbre vital y familiar), lo que verdaderamente siento como cambiante es el proceso del viaje: sé adónde voy y de dónde vengo, pero me siguen sorprendiendo (cuando logro cierto distanciamiento) mis expectativas y ansias, mis apetencias y “desapetencias”, mis recuerdos y olvidos, mis antojos… y no sólo los gastronómicos. Porque no es lo mismo venir en primavera que en otoño, por vacaciones estivales que por navideñas, por ocio que por negocio, sola que acompañada, en avión que en coche…

En la transición se producen mezclas e interferencias (como las de antes por teléfono) que, por ejemplo, en el escenario del avión se sienten bien: familias italo-españolas de diferente cariz se mezclan con turistas ilusionados y ansiosos, conversaciones bilingües se alternan con otras en los dos idiomas a la vez o con algún intento de chapurreo, coincidencias personales e incluso profesionales que en otro momento y lugar hubieran parecido impensables… Y no faltan esos temas que ya se han convertido en tópicos entre españoles e italianos: aunque las comparaciones no dejen ser odiosas, no nos podemos resistir a comparar la gastronomía, las ciudades, la historia, la política, las gente. Nuestras similitudes parecen que nos alejan y nuestras diferencias que nos acercan.

Aunque ya las haya interiorizado o naturalizado, afortunadamente no deja de maravillarme el hecho de hablar desde Italia con mi familia en español o a la inversa, de sentirme un poco de otro país por sangre o por derecho o por sentimiento, de adoptar en mi día a día costumbres antes ajenas. Pero entonces me doy cuenta de que mi vida es una transición continua, o sea, de que mi vida también es un viaje.

Y el viaje es distinto cada vez, como yo.